Mostrando entradas con la etiqueta IDENTIDAD. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta IDENTIDAD. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de diciembre de 2014

UN JUEGO DE ESPEJOS



IDENTIDAD Y DIFERENCIA

Hablar de identidad es hacerlo de un proceso complejo y con múltiples factores en interacción de índole personal, social y cultural, lo cual otorga un papel destacado en su configuración a la educación como elemento clave para la constitución de la subjetividad, la intersubjetividad, las diferencias y la organización identitaria.

Dado el entramado que supone siquiera un esbozo de definición de la identidad, como aproximación a la misma debemos tener en cuenta múltiples elementos. En todo caso, siguiendo a Bilbeny, resulta prioritario destacar que las identidades no son productos acabados, sino que están continuamente haciéndose, teniendo un carácter cualitativo y autorreferente a la vez que con ello permite ver la alteridad ajena. Esto significa que tanto las identidades como las diferentes no tienen un carácter homogéneo ni aislado, sino que permanentemente contactan con otras y se establecen apropiaciones mutuas, e incluso en el contacto dialéctico consigo mismas en su contexto pueden desproveerse de lo propio para seguir siendo ellas mismas, pero de otro modo. Por ello debemos enfatizar el carácter también contingente de las identidades, lo que conlleva que los fenómenos de apropiación, desposeimiento y reapropiación que caracterizan la relación, no la sustancia, que es la identidad, sean fenómenos siempre selectivos y culturales, no mecanizados, y que se construyen a su vez desde las propias diferencias.

«Inferir la identidad desde la cultura significa negar la complejidad respecto de las formas sociales de intercambio de los individuos y los grupos como elementos constitutivos de lo cultural»


Por el contrario, los procesos de globalización parecen haber hegemonizado una creencia contraria sobre la naturaleza de la identidad, puesto que en lugar de aceptar su carácter fundamentalmente híbrido, resultado y a la vez posibilidad de diversos cruces de experiencias, ha exagerado su naturaleza particular y sus funciones individualizadoras, motivando una cierta confusión conceptual entre identidad y etnicidad, al mismo tiempo que invisibilizando, o al menos llevándolas a un terreno secundario, a otras formas de identidad como las vinculadas al género, negando o discriminando en función de las diferencias. Todo ello haciendo énfasis en que la pluralidad de identidades y culturas no es algo que constituya ningún problema, y si los genera es en todo caso por la manera en que dicha pluralidad es tratada social o institucionalmente, transformando las diferencias en desigualdades o ‘pretextos’ para la exclusión.


De lo anterior podemos deducir que la construcción de la identidad es un proceso, pero no una secuencia definida, sino que tiene un carácter dialéctico y se configura a través de distintas dimensiones desde la práctica social habla de «momentos de identificación.») Así, podemos considerar que la identidad se basa en normas de pertenencia fundadas sobre oposiciones simbólicas, entendiendo esas pertenencias como espacios de experiencia y sentido que van configurando desde su multiplicidad el ahora de lo que somos, estando ese ahora ligado de forma indisoluble al de un otro/a también plural y diverso. Por eso mismo no debe entenderse esto de forma restringida ni rígida, porque ello conlleva un riesgo enfatizado desde el punto de vista educativo, donde los ejercicios reduccionistas y los juicios dicotómicos no suelen beneficiar la diversidad al minimizar la complejidad de los procesos, como los de construcción identitaria.

“La configuración del binomio identidad-diferencia debemos tener presente que el mismo requiere de un sustrato cultural y que la cultura necesita permanentemente de traducciones”.

Por tanto, las identificaciones entre las nociones de identidad, diferencia y cultura constituyen un riesgo para el pensamiento pedagógico al intentar reducir a los individuos a quienes se dirige a conceptos o categorías abstractas, privándolos de su corporeidad, sus experiencias y sus voces, por lo que sería necesario que dichas identificaciones se den dentro de un proceso heterogéneo y de apertura al otro u otra, no encorsetado en su prejuicio.


Desde aquí que a menudo se haya hablado de los procesos de identificación como laberintos, pero unos laberintos donde, se insiste, el binomio identidad-diferencia cobra su sentido desde la existencia y la presencia del otro o la otra. Por tanto, las diferencias son generadoras de identidad, y éstas a su vez remiten a la diversidad humana y su papel fundamental para una concepción ética de nuestro ser-en-el-mundo, por lo que no debe ser siquiera insinuada cualquier manifestación de opresión, alienación o discriminación al respecto. Se trata también, en cierto sentido, de modificar el concepto moderno de experiencia, excesivamente centrada en el sujeto, por una experiencia entendida en términos de confrontación con lo otro y con los otros/as, donde el ser identitario genera y es generado por la propia alteridad, concretándose en la unidad identidad-diferencia, a partir de la cual «no sólo la identidad es inmediatamente el momento de la reflexión en sí, sino que asimismo lo es la diferencia —diferencia en sí, diferencia reflejada—. Ésta, en tanto que tales momentos suyos son reflexiones en sí, es diversidad».

“Las diferencias son generadoras de identidad, y éstas a su vez remiten a la diversidad humana y su papel fundamental para una concepción ética de nuestro ser-en-el-mundo”.

Todo esto nos lleva a considerar que en el contexto actual se están generando nuevas formas de construcción de la identidad, basadas en la interrelación dialéctica entre lo colectivo y lo individual, desde una vertiente política donde, a la reconstrucción de las identidades particulares que la inmersión en una sociedad de pluralidad compleja lleva consigo, hay que añadirle lo imprescindible que es contar con una nueva forma de identidad colectiva que se construya a partir de las anteriores a la vez que las trascienda. 


De esta manera, podemos inferir que para la configuración del binomio identidad-diferencia debemos tener presente que el mismo requiere de un sustrato cultural y que la cultura necesita permanentemente de traducciones, por lo que entender quién traduce, a quién, a través de qué significados , etc., se torna fundamental. De hecho, las diferencias culturales surgen en el marco de la diversidad de interacciones entre personas y colectivos, lo que ofrece una visión dinámica de la cultura ajena a la integración por asimilación y a la configuración de estereotipos como modus operandi de tratamiento de las diferencias, así como promotora de la asunción del individuo como agente activo en la construcción cultural. 

Esta cuestión nos lleva a una consideración mayor, y es que «inferir la identidad desde la cultura significa negar la complejidad respecto de las formas sociales de intercambio de los individuos y los grupos como elementos constitutivos de lo cultural». En este sentido podemos afirmar, a modo de corolario, que las identidades (en plural) se configuran a partir de las diferencias (también en plural) entre distintas culturas en interacción, lo que nos hace ver su complejidad sustantiva a la vez que nos desvela su potencialidad para la construcción social y educativa, la cual consideramos fundamental desarrollar a través del paradigma intercultural, el cual se ha visto bastante vapuleado, tergiversado a veces, encorsetado otras, o simplemente vaciado de contenido utilizando el término para cuestiones que poco o nada tienen que ver con su verdadero sentido.

Eduardo S. Vila Merino
Universidad de Málaga

Articulo completo: http://e-spacio.uned.es/fez/eserv.php?pid=bibliuned:EducacionXXI-2012-15-2-5050&dsID=Documento.pdf

Fotografías: Marta Pacheco

LA FRÁGIL INTIMIDAD


INTIMIDAD E IDENTIDAD PERSONAL

Todos los individuos pertenecemos a la misma especie y, en consecuencia, no existe diferencia. La diferencia la marca la identidad personal de cada uno. Un individuo es singular, no solo por su aspecto físico, sino por otros factores que le proporcionan esa  distinción, como los valores morales y los proyectos de vida. La identidad puede interpretarse como “índice de solidez ontológica de la persona y de promesa de coherencia ética”, que requiere un recogimiento interior.
La intimidad, interpretada como fuero interno, es el ámbito donde el individuo se auto elabora, donde toma conciencia de su propia existencia y busca su sentido. Desde lo más profundo de su interior, el individuo se construye continuamente a sí mismo en el tiempo. La intimidad es una especie de ámbito metafórico donde se forma el carácter de la persona, el terreno de cultivo interno del sujeto que tiende a la perfección de su individualidad.
Para su auto-reconocimiento, el individuo requiere consciencia, capacidad cognitiva, razón. La construcción de uno mismo no es factible en el espacio exterior exclusivamente, el individuo tiene que sumergirse en su espacio íntimo para elaborar esa identidad lejos de cualquier interferencia. La intimidad no es, por otro lado, un horto concluso, un territorio cerrado absolutamente a lo exterior. No lo es en la medida en que el individuo, para constituirse, necesita trascenderse hacia los otros, buscar la alteridad. Pero sí es un ámbito cerrado en tanto que espacio inaccesible, al que sólo se puede acceder con su permiso. La intimidad es consustancial al individuo en tanto que ámbito en el cual toma conciencia de sí para configurar su identidad. La cuestión que propongo es si todos los seres humanos tienen intimidad.
Si se parte de la consideración de que la identidad personal surge a partir de la consciencia del propio yo, de la auto percepción de uno mismo dentro del espacio de lo íntimo, el planteamiento consiguiente es si todos los seres humanos tienen intimidad. El término ser humano, tan sólo indica la pertenencia a la especie homo sapiens, pero si nos atenemos a lo que, desde los griegos se entiende como persona, habría que establecer diferencias. Los griegos establecieron la dualidad del ser humano y, el alma, es la que le faculta para pensar, razonar, elaborar ciencia y filosofía; en definitiva, la que le proporciona la capacidad para autogobernarse. A la racionalidad, Tomás de Aquino la consideró como un instrumento fundamental que permite el discernimiento. Los empiristas interpretaron a la persona como un ser que tiene razón y reflexión, que puede considerarse a sí misma como la misma cosa pensante en diferentes momentos y lugares, espacio y tiempo. Una vez más, constatamos cómo el concepto de persona se vincula a la capacidad de pensar, razonar y reflexionar. Kant afirmó que los seres racionales son personas porque su naturaleza los distingue ya como fines en sí mismos.
A partir de estas someras referencias, cabe afirmar que el pensamiento occidental vincula la racionalidad como un elemento fundamental de la identidad que convierte al ser humano en persona. Ser persona, desde esta perspectiva, implica capacidad de razonar y reflexionar; y estas facultades sólo pueden desarrollarse, en principio, desde el interior consciente del individuo, desde dentro del espacio de su intimidad. Pero no todos los seres humanos tienen razón, conciencia de sí, capacidad para reflexionar, autogobernarse y construir su propio proyecto de vida. Un niño de tres años, determinados enfermos mentales o adultos en estado vegetativo persistente que carecen, si no totalmente sí en parte, de estas facultades, no responden desde mi punto de vista al concepto de persona que las distintas corrientes del pensamiento han ido elaborado. Luego no se les podría considerar como tales personas. En estos casos, presumo la inexistencia de una intimidad, como territorio interior de construcción biográfica, aunque es indubitable que poseen una intimidad exterior, corporal, que les reconocemos en función de su dignidad ontológica. La identidad del individuo, en definitiva, se fragua en un ámbito de intimidad autoconstruida que constituye una proyección de su dignidad metafísica.

Julia de Orta Santiago
Miembro del Comité de Investigación de Reprogramación Celular de Andalucía.



Articulo completo: 
Fotografías: Michal Giedrojc

LA GENERACIÓN DE LA INCERTIDUMBRE

UNA RADIOGRAFÍA DE LA JUVENTUD DESDE EL BLOGGING AUTOBIOGRÁFICO



Nuestra conciencia del tiempo se rige por el número
de años que hemos vivido. Cuanto más jóvenes somos, tanto más largo es un año, y también una hora o un día. Cuando tengo cinco años, un año es una quinta parte del tiempo de mi vida; y cuando tengo cincuenta años, un año es una de las cincuenta partes de mi vida. Esto cambia cuando envejecemos y comenzamos a contar ya no desde el nacimiento, sino desde la muerte. Entonces los años, imperceptiblemente, se hacen de nuevo más largos.
                                                                                                                                                                                     Hannah Arendt  

Escribir en blogs, interactuar a través de Twitter y Facebook, compartir contenidos en Flickr y YouTube, son actividades que muchos sujetos han incorporado en sus prácticas cotidianas. Para ellos, la red de Internet es mucho más que un soporte de comunicación digital, se constituye como un espacio que se puede apropiar para estar en contacto con los otros y expresar los propios pensamientos. Entre ellos tejen redes a partir de las afinidades: el estilo de vida, la ideología política, la forma de ver la vida; en esto que tienen en común, la condición etaria figura como un elemento constitutivo.
En este artículo se presenta un acercamiento a las percepciones de los jóvenes sobre la vida contemporánea, a partir de una investigación más amplia acerca de los sentidos del blogging autobiográfico, cuyo foco de interés estuvo en las perspectivas de los sujetos. La pregunta central de esta investigación no estuvo relacionada con la juventud, sin embargo, entre los hallazgos, la condición etaria se situó como un elemento clave para comprender esta práctica comunicativa y, a la vez, el blogging –junto con otras prácticas de comunicación digital– se constituye como una ventana para abordar a ciertos segmentos de jóvenes.
EL ESTUDIO DEL BLOGGING AUTOBIOGRÁFICO 
La investigación de la cual se deriva este artículo fue estructurada a partir del cruce entre el problema de lo autobiográfico y el problema de las redes sociales mediadas, por una razón fundamental, porque los antecedentes del blogging  autobiográfico no se encuentran en el pasado cercano de la comunicación a través de Internet, sino que se sitúan siglos atrás, en varios sentidos: en las prácticas de comunicación oral realizadas en los lugares públicos, como tabernas, cafés y plazas, en las prácticas de escritura de diarios y biografías, que llegaron incluso a circular manuscritos en grupos pequeños, así como los usos de fotografías, álbumes y videos caseros que en el siglo XX adquirieron gran importancia personal, familiar y cultural y, finalmente, en las prácticas de comunicación a través de Internet, sobre todo a partir de lo que se conoce como Web 2.0, una etapa en el uso de Internet en la cual se potencia “el papel de los usuarios como productores de las aplicaciones y los contenidos”. En ese contexto emerge el blogging como un fenómeno tecnológico, comunicativo y cultural. El que se reconoce como primer blog es la Justin’s home page, cuya publicación comenzó en enero de 1994, pero el término para designarlo fue acuñado recién en 1997 por Jorn Barger, que fusionó las palabras web –red de Internet– y log –bitácora– para hablar de weblog, que en el habla común se redujo a blog.

Más allá de su estructura técnica, con ciertas particularidades, el blog se entiende como un espacio de expresión personal y de construcción de la identidad porque a través de él el blogger “da rienda suelta a la expresión de sus intereses y construye su identidad en el ciberespacio mediante un discurso continuo […] referenciador, en un diálogo permanente con otros blogs y con sus propios lectores”. El blogger es un sujeto que juega un papel activo como emisor-receptor o productor-consumidor de mensajes en blogs.Hablar de un sujeto que produce significa hacer referencia al desplazamiento de ser sujeto en un contexto de recepción-consumo de mensajes transmitidos por los  medios a ser partícipe de procesos de producción, circulación y consumo de mensajes, a partir del desarrollo de determinadas habilidades técnicas y comunicativas.

La blogósfera es mucho más que un conjunto de blogs. Se trata de una red sociotécnica, donde lo social se construye por lo técnico y lo técnico adquiere un sentido social. En esta red, el blogging se sitúa como una práctica comunicativa que ha sido desarrollada y apropiada por los bloggers. Para ellos, el acto de bloguear es parte de su cotidianidad y, a la vez, esta entra a la discusión en lo que se postea; así, el blog se constituye como un foro de segundo orden, en que lo cotidiano se desmenuza y se reconstruye, en medio de un proceso multidimensional. En el blogging, el que postea es un sujeto situado espacio-temporalmente y lo que se postea habla a la vez del sujeto, de la red y del contexto sociocultural en el que emerge.

El crecimiento acelerado de la blogósfera –cuyo tamaño en septiembre de 2008 se calculaba en 133 millones de blogs, de los cuales el 79% eran personales o autobiográficos (Technorati, 2008)– dio visibilidad al fenómeno y lo posicionó como un asunto pertinente para investigar. Los estudios de blogging se insertan en la joven tradición de estudios sobre Internet, que inicialmente estuvo centrada en la descripción de las formas de comunicación en línea. Con el tiempo se ha incorporado el abordaje del uso del lenguaje, las identidades, las relaciones, los grupos sociales, las redes y comunidades en línea, sobre todo a partir de la publicación de The virtual community de Howard Rheigold, en 1993. Estas líneas de estudio se han ido abriendo para abordar no sólo la vida en línea, sino también los contextos de uso de las tecnologías.

La investigación académica sobre el blogging se inserta en la tradición de estudios sobre Internet; concretamente, los estudios sobre blogs empezaron a proliferar a partir del año 2000 y se enfocaron primeramente en historizar y definir los blogs. Con el tiempo se ha  transitado de los estudios meramente descriptivos de los primeros años hacia abordajes más complejos, que trascienden la concepción del blog como simple instrumento para analizar el blogging como una práctica compleja de comunicación. En varios de estos acercamientos se ha buscado construir perfiles de bloggers, tanto desde la academia, como desde la investigación comercial; pero también se han estudiado sus motivaciones, relaciones e identidades. Estos trabajos han resultado reveladores, en tanto que permiten ubicar al blogging como una práctica que se circunscribe a cierta generación.

Como ya fue señalado anteriormente, la investigación que desarrollé en torno al blogging autobiográfico puso en el foco de análisis la pregunta por los sentidos que los sujetos atribuyen a esta práctica comunicativa; y tal cuestionamiento se sitúa en el cruce entre el problema de las redes sociales mediadas y el problema de la autobiografía. Para ello, el abordaje teórico-metodológico se construyó desde una perspectiva sociocultural. En ella, la comunicación se entiende como un proceso constitutivo de lo social que consiste en la producción de sentido a partir de la interacción entre sujetos situados espacio-temporalmente en contextos específicos. La comunicación implica la producción, transmisión y recepción de formas simbólicas; con frecuencia se emplean medios técnicos para transmitir información y formas simbólicas a sujetos que se encuentran distantes en el tiempo y el espacio, en lo que Thompson (1995) define como comunicación mediada. En este sentido, Internet ha sido identificado como un medio técnico que posibilita la interacción, como un contexto social de conectividad global en términos culturales y económicos, así como un espacio social que los sujetos pueden apropiarse. Esta apropiación, aunada a otras condiciones, ha conducido a la formación de comunidades y redes virtuales.

Una red, en sentido general, es un conjunto de nodos interconectados, con una estructura abierta. Se habla de redes sociales cuando se trata de campos constituidos por relaciones entre sujetos, donde cada uno es un nodo con vínculos con los otros y cada uno posee determinados recursos y se ubica en ciertas posiciones sociales. Estas redes se producen también sobre campos virtuales, posibilitadas por la interconectividad, la sensación de un espacio compartido y por las afinidades. La creación y mantenimiento de redes implica prácticas sociales, es decir, series de actos realizados por los sujetos, con una forma constituyente de interacción que involucra la comunicación del significado, así como una estructura constituyente que pertenece a colectividades. Y las prácticas se orientan por determinados sentidos, es decir, los motivos que el sujeto identifica como fundamentos de sus acciones, a partir de su conciencia práctica y discursiva.

El relato autobiográfico parte de la experiencia, reconstruye lo ya realizado y pone de manifiesto determinados fragmentos de la vida privada para dejar constancia de lo que se es. Estos relatos, sin embargo, no son la acción misma, sino una versión que da el autor acerca de su propia acción. Al narrar su vida, el sujeto vuelve a pensar la propia historia:

Deviene en sociólogo de su propia biografía, ya que busca establecer conexiones entre acontecimientos, construye secuencias de eventos con las que selecciona unos para incluirlos y excluye otros; incluso llega a veces a interrogarse a sí mismo acerca de las motivaciones que tuvieron sus propias acciones. (Lindón, 1999)

La escritura de la autobiografía tiene que ver con un ejercicio de reflexividad que permite al sujeto situarse en un contexto y reconstruir la propia historia. En estos relatos de vida se da una doble estructuración entre la dimensión subjetiva y la dimensión social de los relatos, en tanto que “son testimonios de una existencia inscrita en la historia”. La propia producción de relatos autobiográficos es también una actividad históricamente situada, en este sentido, “podemos preguntarnos de una manera general en qué estado del mundo social los cientos de ‘anónimos’ sienten – en la misma época y sin concertarlo colectivamente – el impulso de escribir, de testimoniar por escrito su vida”. Se coloca entonces la pregunta por las condiciones individuales y colectivas que conducen y autorizan a los sujetos a escribir acerca de su vida, a dejar rastro de sí; pero, además, se coloca la pregunta por los marcos narrativos, fundamentalmente de temáticas y estilos, sobre los cuales se construye la autobiografía.

Si bien este énfasis biográfico en los discursos de los sujetos comunes ha estado presente desde el siglo XIX en diarios, cartas y más, lo biográfico ha cobrado visibilidad recientemente, tanto en la reflexión académica, como en las prácticas cotidianas de los sujetos, e incluso en otras instancias de la sociedad, ya que “vivimos una época de fuerte subjetividad y, en ese sentido, las prerrogativas del testimonio se apoyan en la visibilidad que ‘lo personal’ ha adquirido como lugar no simplemente de intimidad sino de manifestación pública”.

Hacer público el relato autobiográfico deja ver un elemento de ruptura con la separación que tradicionalmente se ha hecho en Occidente entre lo público y lo privado, entendiendo por público lo abierto, lo disponible para todos, lo que ha de exhibirse públicamente, y por privado, lo que se esconde o permanece oculto ante las mayorías y disponible para unos cuantos del círculo más cercan. De ahí que la posibilidad de la palabra pública y colectiva acerca de la vida cotidiana trastoque las fronteras entre lo público y lo privado. Metodológicamente, se trató de un acercamiento cualitativo, basado en etnografía virtual, e incluyó observación en línea y entrevistas con doce bloggers mexicanos, además del análisis de discurso de más de cien relatos autobiográficos publicados en los blogs de los sujetos entrevistados.

Los hallazgos permitieron ver que los bloggers atribuyen a su práctica una multiplicidad de sentidos, entre los que sobresalen los de reflexividad, en tanto pensar lo vivido, de trascendencia, en tanto dejar rastro de sí, y de vínculo con los otros, en tanto que en la blogósfera construyen y mantienen relaciones a partir de afinidades, independientemente del territorio físico, dando lugar a otras coordenadas de operación.

Dorismilda Flores Márquez
Maestra en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO


Ilustraciones: Miriam Moshinsky

lunes, 8 de diciembre de 2014

“LOS HOMBRES NO SON NIÑOS, NI MUJERES, NI HOMOSEXUALES”

MASCULINIDAD/ES

En los años 90 emergieron con fuerza los estudios sobre la masculinidad, fundamentales como referente de este trabajo. Entre los autores más destacados, R. W. Connell merece una especial atención por su teorización de la masculinidad hegemónica (1995). Con este concepto Connell fragmentó la categoría «hombre» y mostró que los hombres formulan elecciones discursivas particulares a partir de un inventario cultural disponible y aceptable de comportamientos masculinos.
La masculinidad —«la forma aceptada de ser de un varón adulto en una sociedad concreta» — se define fundamentalmente en términos negativos (los hombres no son niños, ni mujeres, ni homosexuales): la identidad masculina se ha construido principalmente como rechazo de la feminidad y de los valores que la configuran estereotipadamente. La masculinidad es a la vez un lugar de relaciones de género, el conjunto de prácticas a través de las cuales los hombres y las mujeres se sitúan a sí mismos en relación con el género, y los efectos de dichas prácticas en las experiencias corporales, en la personalidad y la cultura.
Interseccionadas por el poder, la producción y la emoción, las masculinidades son múltiples y relacionales. No obstante, con frecuencia se habla de una «identidad masculina» —presentada de forma esencialista, reduccionista y universalizadora— que en realidad se refiere a una «masculinidad hegemónica» que persigue la reproducción del patriarcado a partir del repudio de lo femenino, que se mide a través del poder, el éxito económico, y la posición social y que tiene en el control de las emociones, la osadía y la agresividad sus atributos. Una masculinidad difícil de alcanzar, como Goffman anticipaba en los años 60:
Según el consenso general, en Estados Unidos, el único hombre que no tiene que avergonzarse de nada es un joven casado, padre de familia, blanco, urbano, norteño, heterosexual, protestante, que recibió educación superior, tiene un buen empleo, aspecto, peso y altura adecuados y un reciente triunfo en los deportes… todo hombre que no consiga llenar cualquiera de estos requisitos se considerará probablemente —por lo menos en algunos momentos— indigno, incompleto e inferior (Goffman 1968).
Entre los autores que profundizan en el concepto de masculinidad hegemónica destacan Demetriou y el propio Connell, Demetriou introduce un grado mayor de complejidad en el término considerando, desde un análisis basado en Gramsci y Bhabha, que «la masculinidad hegemónica no es solo una configuración blanca o heterosexual de las prácticas sino un bloque híbrido que vincula prácticas de diversas masculinidades para asegurar la reproducción del patriarcado».
El proceso de formación de los bloques de hibridación opera, según Bhabha, más mediante la negociación que mediante la negación, es decir, mediante intentos de articular, apropiarse e incorporar (más que negar, marginar o eliminar) elementos distintos o aparentemente opuestos (pragmatismo dialéctico). Esta misma idea de hibridación aparece en el texto de Connell donde afirma que la masculinidad hegemónica no es un patrón unitario, sino un bloque histórico donde se entrelazan muchos patrones, siendo esa hibridación —resultado de un proceso constante de negociación, traducción y reconfiguración— la mejor estrategia para conseguir la hegemonía externa. Estos procesos de negociación, traducción y reconfiguración tienen lugar tanto intergéneros como intragéneros, siendo la sexualidad un elemento fundamental en la constitución de los bloques y la performación del género un elemento de suma importancia, como veremos.
Aunque el cuerpo está aquí oculto, no existen ni género ni sexualidad fuera del cuerpo: por tanto el cuerpo, como el género y la sexualidad, tiene también un papel predominante en la conformación de esos bloques híbridos e históricos. Si nuestra comprensión del género informa la sexualidad y la sexualidad confirma nuestro género ambos existen en y desde nuestros cuerpos.
Begonya Enguix
Universitat Oberta de Catalunya. Barcelona
Fotografias: Joakim Christoffersson